27.1.12

No lo escribas, hagámoslo

Hoy es de eso días en que...

En los que te iría hasta tu portal, tocaría el timbre y te sorprendería llevando sólo el abrigo como prenda de ropa. Te mostraría la cara lencería y te invitaría a tomar un café. No pensaría en el camino que tendría que recorrer mañana vuelta al punto de partida. Simplemente, sonreiría y te sacaría la lengua a cada tontería tuya. Te seduciría en la cafetería del centro mientras te pregunto si quieres la leche caliente o del tiempo. No importaría la gente de alrededor. Nos sentaríamos en la terraza. Esperaría felizmente a que no me pidieras que me quitara el abrigo y me mostraras casi desnuda ante media ciudad. En tu primera caricia, te cogería de la mano y nos marcharíamos corriendo sin pagar la cuenta. Cruzaríamos cada esquina dejando atrás la ciudad impregnada de este frío-calor . Llegaríamos a aquel parque... ¿Lo recuerdas, verdad?

Y, siendo ya de noche, empezaríamos a jugar. Inventaría juegos y serías tú él primero en probarlos. Sin autocontrol y sin reglas de cómo tirar los dados y no jodernos el corazón en el intento. Empañaríamos las ventanas de toda la plaza con nuestro calor. Esbozaríamos sonrisas entre mil besos y caricias. No aguantarías más, y de golpe convertirías ese paisaje en mi cama.

Entre mis sabanas me harías esperar. Te liarías mis dudas con ese fino papel y, descansado, te fumarías el tiempo. Sin mono, comenzaríamos con la abstinencia de nosotros. Acabaríamos irremediablemente liados. Caídos de nuevo en las ganas y en los pecados que estamos cometiendo. Porque de entre lo malo, tú lo eres lo peor. Y entre lo peor, tú eres lo que más me gusta.

Quiero ver el brillo de tus ojos al escribir esto. La sonrisa que tienes y la chaqueta que te has tenido que quitar. Que intentes descifrar que me motivó a escribir hoy y que momentos utilicé exactamente para recrearme. Quiero pensar que estos días superarían a los anteriores, incluso a los que no tenían nombre y a las noches de lluvia. Pensar que puedes mover el culo de la silla, buscar el móvil y llamarme para murmurarme:

 -No lo escribas. Hagámoslo.





26.1.12

Conversaciones tontas

- Te invitaría a subir a mi casa, pero me pone más prolongar el momento - le dije
- A mí me pone ponerte – Me respondió
- Llámame cuando llegues a casa. Es sólo para saber que has llegado bien. 
- No pienso hacerlo. Buenas noches- Me dijo girandose y dejandome atrás
- Me alegro. Esperaba esa respuesta.-Murmuré.

Menos mal que cuando das media vuelta y te vas nunca puedes ver mi cara de tonta. Sería algo así, seguro.



Ha muerto la Justicia


No creo. Me estoy tambaleando sobre mis cimientos. Imagina que el suelo que pisas diariamente. Ese que te lleva a la oficina, a la universidad o a casa de tu mejor amigo. Aquel sobre que te has sentado a ver la vida pasar y sobre el cual has corrido de tus dudas. Ese mismo, se estuviera resquebrajando. Tienes dudas y muy serias sobre el pavimento, las farolas, e incluso, sobre si realmente estas caminando.

Puestos en situación. Nos hicieron creer en un Estado. Un Estado que nos proporcionaría un bienestar basado en igualdad de clases sociales. Igualdad entre nosotros e igualdad ante el grande. Una clara separación e independencia del Poder Judicial. Y nosotros, los ciudadanos, hemos confiado en su palabra. Hemos cimentado sobre esto unas esperanzas y unas vidas. Comenzar a crecer como personas y empezar a andar sobre este suelo de valores.

Hemos comenzado a caminar con paso firme mientras nos iban llegando noticias que hacían trizas nuestras rodillas. Nos tambaleamos y perdemos el rumbo. Nos desmoronamos cuando vemos noticias como que el gobierno en funciones, el PSOE, indulta a Alfredo Sáenz, número 2 del Banco Santander por un delito de acusación falsa. Nos agrietamos cuando notamos como si te apellidas de una determinada manera puedes entrar en ciertas listas para becas. Nuestro paso vacila cuando el único imputado de los crímenes franquistas, es el juez que los ha investigado. Cuando se crea el aeropuerto más ecológico y  haciéndose el propio político de turno el presidente "honoris causa" de tal magnífica obra. Y caemos, caemos y volvemos a caer cuando al elegantísimo y molt honorable señor Camps lo declaran "no culpable".


Yo, estudiante de 3º de Derecho, he perdido el paso. No tengo brújula. No me fío del suelo  que piso. Y lo que es peor, estoy perdiendo la confianza y las ganas de volver a andar.

No sé que me queda.

22.1.12

Cuerda y recuerda

Afortunadamente, recuerdo. Con intensidad, o a tumbos pero te tengo en mente.

Muchas veces me encuentro como un taxista buscando recuerdos tontos a los cuales transportar. Otras tantas, tengo que soportar trayectos largos e incómodos con recuerdos que creía olvidados. Es fascinante como recuerdo aquella Barbie que nunca me trajeron los Reyes, pero no recuerde lo que hice ayer por la mañana ni que cojones me ha dejado encargado mi madre.

No recuerdo  Madrid, pero sí las Ramblas. Tengo recuerdos atesorados como las 2 horas en aquel banco de tu plaza favorita. No recuerdo el primer beso, ni el segundo, y eso es algo que realmente me gustaría volver a recordar. Recuerdo, aquel ultimo cromo de la colección del álbum de la liga del 98. ¿Pero, a quién coño le importará eso? Y también recuerdo la primera canción de Violadores del Verso que escuche o  las 3 primeras copas (aunque la cuarta ya no) que me tome aquel Roscón de Reyes. Pero no recuerdo aquellas películas ni con quién fui; por más que mire las entradas del cine, no me sitúo.

Pero no sé porque no recuerdo mi número de teléfono y siempre me acuerdo del tuyo. Recuerdo perfectamente tus lágrimas, pero no todo aquello que te excitaba. No recuerdo el nombre de tus padres ni siquiera la calle donde vivías. Pero puedo recordar la cara que ponías de remolón al despertarte o las ganas que tenías de ver ganar a tu equipo. No me acuerdo de tu color favorito, ni la última vez que te vi. Recuerdo como se empañaba el cristal de tu ducha o como te conducías por aquellas pistas.


Supongo que los recuerdos son azar. Se posan en ti en cualquier momento y debes de ser tú él que tenga ganas de leerlos o simplemente dejarlos secar al sol. No aparecen en función de la intensidad vivida ni de la importancia, porque si no, no haría más que pensar en aquel verano del 2008 o la noche del final.

Inspirado por Daniel Díaz
blogs.20minutos.es/nilibreniocupado/

21.1.12

Sin lucidez

En el fondo, seguí quedando con él por puro egoísmo. Quería ponerme al límite de todo y el estaba en el horizonte. Me rendía consciente al juego al que me sometía en beneficio propio. Me enganche, cada vez más fuerte; como el que prueba  la mejor droga tras meses rehabilitación en una clínica privada. Era un bucle, en el cual tenía cabida muchos matices, pero con los mismos putos colores de siempre. Cuando caía de nuevo, cuando me hacía daño, escribía y volvía a releerlo todo. Repasaba todos los momentos y sometía a mi mente a examen de todos los detalles de la última vez que nos vimos.

Pero yo no he querido, y a esta vez no iba a ser menos. A él lo he necesitado, como a él que más. A veces divagaba y creía que tenía un horario y una lista-como las mías- con los minutos exactos a los que se podía permitir hablarme y las tonterías que debía decir para tocarme el punto. Excepcionalmente, me podría dar el lujo de quedar conmigo. Yo, debería aceptar para seguir en el juego, para poder tener una oportunidad más.

Todo esto lo notaba en las reacciones cuando yo tomaba el control. Se molestaba, le agobiaba y podía ver como tachaba de su lista la próxima vez que nos podríamos ver por mis atrevimientos. Había días que estaba a un paso de casarme con la asquerosidad de su silencio pero le era infiel con el eco de su recuerdo.

Yo no tenía táctica ninguna. Actuaba por instinto. Ignorando las lagrimas de ayer y las sonrisas de mañana. Jugaba a ponerle nervioso, a ser bipolar, a mostrarme reacia a sus comentarios tanto como cariñosa con sus caricias. Hacía de casi todo, para que él supiera que estaba ahí. Viva. Muy viva.

Pero llego un punto que entendí que tendría que ponerle fin a todo esto. Mantenerme al margen. Mi yo interior tendría que ceder a una razón minoritaria. Porque él solo me iba a mostrar momentos de tregua y jamás paz. Que yo quería mi puto cielo rosa.

20.1.12

Drogas, sexo y Rock & Roll


Imagina...
 
Imagina que  somos dos estrellas de Rock. Tú llevarías pantalones ajustados y un ejército de fans enloquecidas detrás. Yo sería la típica rubia con tacones brillantes rosas que va rompiendo corazones y que muchas llamarían la maldita zorra rubia. Los dos con gafas Ray-ban a conjunto y sólo concederíamos entrevistas programadas llegando a deshora.

Pero antes de eso, tendríamos que viajar en caravana. Vivir en carretera y descubrir mil paisajes. Pasaríamos la noche en moteles baratos alquilando un nuevo hogar cada día. Yo empezaría a dejarlo todo de lado y me centraría en nuestra carrera 
artística. Y entre lunas y besos robados, me enseñarías a componer y afinarías mi voz. Daríamos los bolos medio ebrios y  los acabaríamos yo desafinado en directo  y tú poniendo ojitos a la morena de la cuarta fila.

Entre allí y allá, nos convertiríamos en ídolos de masas  y un parasito que las madres querrían matar de sus pobres hijas. Daríamos de lado a la sociedad y nos emborracharíamos a cervezas cada noche que no nos odiáramos

Nuestro fin sería cuando nos encontrara la policía en nuestra caravana tirados sin poder parar de reír. Yo pasaría de ser aquella maldita zorra rubia a ser una maldita drogadicta y tú pasarías de ser un ídolo de quinceañeras a ser un acusado de tráfico de estupefacientes.
 
Porque no podrías estar más de veinticuatro horas conmigo ni podrías permitir que me diera una sobredosis.

Imagina que tú y yo somos sexo, drogas y Rock & Roll

12.1.12

Domingos

 

Recuerdo que sopló la luna y era en pleno día
y entre aquellas nubes vislumbraste la estrella polar,
y algo más.

11.1.12

Desvísteme

Desvísteme despacio que tengo prisa.

-Vamos a hacer una cosa que tú haces todos los días. Pero esta vez me dejaras a mí. 

Voy a desnudarte.-

Empecemos por ese abrigo que orgulloso te ciñes como tu escudo de argumentos y sinrazones.Lo quito porque no te hará falta calor al lugar donde te pienso llevar y así poco a poco vas perdiendo la moderación. Desataré poco a poco tus emociones y tus cordones. Te despojaré de tus zapatillas, esas que tanto suelo y tan alto te han visto volar. Esos vaqueros tan ajustados estorban como las promesas en la más absoluta felicidad. Nuestras sábanas blancas no van a poder tener rival, así que intentaré ganarle la partida a tu camiseta.

Y así, pequeño, ya estás listo para empezar el día. Sin barreras con las que poder presumir.

Quizás si, te despoje de toda la ropa, desnude tus dudas y mi inquietud.




10.1.12

Directores de madrugada




Aquella noche parecía todo rodado como el mejor tráiler que descubre los mejores momentos que se desarrollan en el resto de la película. Las escenas fluían entre el puente que hay entre el mundo y mi casa, Los personajes eran tu pasado y mi futuro pidiéndome gritos que hiciera aquello con pulcritud, obscenidad, y por supuesto, contrariedad. Los actores secundarios, ajenos a la acción principal éramos tú y yo. Nuestra acción se basaba en divertirnos entre subiendo a sótanos de ultratumba y bajando a las azoteas de los séptimos. Realizando el séptimo arte con excitados sentimientos y estimuladas palabras. Te otorgaba entrada para aterrizar, sin alas, a todos mis tejados. El único revisor a ese largo sábado sería  la fe y conciencia que me suelen esperar los lunes de madrugada negándote por vigésima vez. Aunque parecía que el guión, esta vez, estaba escrito como todas las cartas de amor: lleno de mentiras redactadas en la más absoluta felicidad. Pero con una tinta distinta, derramado sobre todo aquello que amábamos, las injusticias que no soportábamos, y el letargo de la gente. Este Hollywood se enmudecía cuando con nuestros gritos a besos y sábanas por attrezzo. Estábamos fabricando taquicardias que proyectar en nuevos pre-estrenos donde la trama seguía siendo una verdad abierta a otro final.




5.1.12


Me ha aparecido de repente un lazo de regalo en la cabeza. 
Se ve que alguien me ha pedido para reyes y se ha vuelto republicano.

4.1.12

-Te odio
-Lo contrario al amor no es el odio; es la indiferencia. Odiándome aun podré estar cerca de ti. Y eso, será suficiente para estar conectados.

3.1.12

Calabozo sin almohadas


En aquella fría habitación allí estaba el sonriente policía deseoso de cumplir con los objetivos del mes y una desolada chica. El hombre le prometió a la muchacha que si daba caza a aquél sujeto y desvelaba los delitos que junto a ella había cometido podría proporcionarle el programa de protección de testigos y siempre  se encontraría a salvo. Y así ella, pensando desposarse a esa promesa de un futuro mejor, desembucho de golpe toda la información que aguardaba:

-Agente conocí al hombre de mi muerte y no lo reconocí. Le daba zonas VIP's en mis ojeras y él abusaba de mis barras libres. Para él, el mayor de mis piropos era que lo esperara acompañado con un "mira lo que pudimos ser y no fuimos". Me decía "vete" pero no más allá de donde me podía ver. No quería ser una pareja extraña y evitar helar el invierno y calentar el verano. Su táctica era quedarse en mi recuerdo, de alguna manera, pero quedarse.

-¿Qué dice, señorita? ¿Está delirando? ¿Podría describirme mejor al sujeto?

- Era mi íntimo desconocido. Mi alienígena en mi mundo terrestre. La pieza que completaba mi mejor ajedrez. Pero se moría de desgana si tenía que verme mientras yo me encontraba con 2 copas y 3 canciones de más. Siempre huye despacio, por si lo puedo perseguir. Yo le habría las piernas, y él mis cicatrices. Usted lo podrá encontrar rodeado por las colillas de mis excusas. Y si deshace la senda despejada de mi casa hasta su cama, dará con él. 

-Tiene que concentrarse y describirlo más fielmente. Sino, me temo que no le podremos ayudar. Por favor, cierre los ojos y describa al individuo como lo recuerde.

-Creo...Creo recordar que me vendía besos de contrabando en mis noches de metadona...


-¡Cállese!  ¡Es suficiente! ¡Vamos a activar la Alarma 3! No se preocupe señorita. Lo encontraremos.


1.1.12

Puede

Quizás veas lo inteligente de dejarlo todo ahora y me sienta yo así  de estupida cada vez que me levanto mirando el móvil. Yo no soy la culpable de que tuvieras miedo y que cortaras por lo insano. Puede que deje de añorarte cada anochecer y de una vez por todas me acostumbre a perder. O quizás la espera merezca la pena. Puede que mi ausencia no taladre tu conciencia y que fuera una ilusión lo que creía que crecía. Puede que mi voz te rescate de tus dudas y se vuelva a exhibir en tu pelo mi alma desnuda. Puede que nunca regreses o que nunca más te vuelva a llamar. Tal vez vengas a buscarme cuando menos lo espere, y siga viéndote como el más impresionante de todos los hombres. Puede que muera y entonces te arrepientas o siga viva y en la distancia te sienta cerca. Quizás no seas el mismo y te pongas vendas o no te sorprendas cuando te dé por perdido. Y cuando, el atardecer asesine y nada se compare a este calor, igual, asaltas mi guarida diciendo que lo malo ya paso y volvamos al tejado donde la ciudad calla. Puede que siempre queden pendientes más noches y a otra chica, la sensibilidad desabroches.

Puede que nunca vuelva a escribir y que felices volvamos a mi cama a dormir.

Malos tiempos para la amistad


Cuando te quedas sin sol ni estrellas que iluminen puedes empezar a trazar el camino, a oscuras, pero puedes.

¿Quién me diría que las miradas se volverían en desconocidas cuando ayer se achinaban por miles de horas de risas? ¿Eh, amiga?

 Creces, no hay frenos. La meta está ahí y por más pataletas que des va a llegar. Los momentos rotos y fugaces te hablaran de miles de días mejores. Esto es un cúmulo de noches en vela, de no sé que haber y de miles de preguntas sin respuesta. Aunque lance S.O.S a tu ventana y envié mil cartas tú seguirás alejándote y hablándome como una extraña. Hace falta mucho valor para seguir mirando el móvil de esa forma, esperando encontrarte de nuevo con las mismas ganas de ayer. Pienso que un día despertaré, me mirarás y todo volverá a ser como era ayer. Porque tú y yo, no creímos nunca en un final. Pero, puede que sea cierto, que la física hoy nos falle y los polos opuestos jamás se hayan atraído.

Malos tiempos para la amistad y buenos para la nostalgía.