Hoy es de eso días en que...
En los que te iría hasta tu portal, tocaría el timbre y te sorprendería llevando sólo el abrigo como prenda de ropa. Te mostraría la cara lencería y te invitaría a tomar un café. No pensaría en el camino que tendría que recorrer mañana vuelta al punto de partida. Simplemente, sonreiría y te sacaría la lengua a cada tontería tuya. Te seduciría en la cafetería del centro mientras te pregunto si quieres la leche caliente o del tiempo. No importaría la gente de alrededor. Nos sentaríamos en la terraza. Esperaría felizmente a que no me pidieras que me quitara el abrigo y me mostraras casi desnuda ante media ciudad. En tu primera caricia, te cogería de la mano y nos marcharíamos corriendo sin pagar la cuenta. Cruzaríamos cada esquina dejando atrás la ciudad impregnada de este frío-calor . Llegaríamos a aquel parque... ¿Lo recuerdas, verdad?
Y, siendo ya de noche, empezaríamos a jugar. Inventaría juegos y serías tú él primero en probarlos. Sin autocontrol y sin reglas de cómo tirar los dados y no jodernos el corazón en el intento. Empañaríamos las ventanas de toda la plaza con nuestro calor. Esbozaríamos sonrisas entre mil besos y caricias. No aguantarías más, y de golpe convertirías ese paisaje en mi cama.
Entre mis sabanas me harías esperar. Te liarías mis dudas con ese fino papel y, descansado, te fumarías el tiempo. Sin mono, comenzaríamos con la abstinencia de nosotros. Acabaríamos irremediablemente liados. Caídos de nuevo en las ganas y en los pecados que estamos cometiendo. Porque de entre lo malo, tú lo eres lo peor. Y entre lo peor, tú eres lo que más me gusta.
Quiero ver el brillo de tus ojos al escribir esto. La sonrisa que tienes y la chaqueta que te has tenido que quitar. Que intentes descifrar que me motivó a escribir hoy y que momentos utilicé exactamente para recrearme. Quiero pensar que estos días superarían a los anteriores, incluso a los que no tenían nombre y a las noches de lluvia. Pensar que puedes mover el culo de la silla, buscar el móvil y llamarme para murmurarme:
Y, siendo ya de noche, empezaríamos a jugar. Inventaría juegos y serías tú él primero en probarlos. Sin autocontrol y sin reglas de cómo tirar los dados y no jodernos el corazón en el intento. Empañaríamos las ventanas de toda la plaza con nuestro calor. Esbozaríamos sonrisas entre mil besos y caricias. No aguantarías más, y de golpe convertirías ese paisaje en mi cama.
Entre mis sabanas me harías esperar. Te liarías mis dudas con ese fino papel y, descansado, te fumarías el tiempo. Sin mono, comenzaríamos con la abstinencia de nosotros. Acabaríamos irremediablemente liados. Caídos de nuevo en las ganas y en los pecados que estamos cometiendo. Porque de entre lo malo, tú lo eres lo peor. Y entre lo peor, tú eres lo que más me gusta.
Quiero ver el brillo de tus ojos al escribir esto. La sonrisa que tienes y la chaqueta que te has tenido que quitar. Que intentes descifrar que me motivó a escribir hoy y que momentos utilicé exactamente para recrearme. Quiero pensar que estos días superarían a los anteriores, incluso a los que no tenían nombre y a las noches de lluvia. Pensar que puedes mover el culo de la silla, buscar el móvil y llamarme para murmurarme:
-No lo escribas. Hagámoslo.
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