Tiene sentido, aunque no sea consentido. Tú y tus mil idas de mi cabeza. La maleta que excede de ese límite de equipaje que marcamos la última noche. No ibas a facturar ni uno de mis sueños, pesan mucho más que tus aviones de papel. Llego la última llamada de embarque y huiste. Miedo a las alturas, a las decisiones y a la rutina. Pero eres la razón que exista todo esto. Ojala pudieras irte, sin llevarte contigo. Dejarme sin maletas. A solas con el paisaje. Tú a 250 millas. Y yo, embarcando en tu huida.
¿Como recorreré medio hemisferio sin tu copa de ron?
¿Con que manta me tendré que tapar para quitarme el calor?
Si me sueltas entre tanto viento... ¿Como voy a continuar?



