Afortunadamente, recuerdo. Con intensidad, o a tumbos pero te tengo en mente.
Muchas veces me encuentro como un taxista buscando recuerdos tontos a los cuales transportar. Otras tantas, tengo que soportar trayectos largos e incómodos con recuerdos que creía olvidados. Es fascinante como recuerdo aquella Barbie que nunca me trajeron los Reyes, pero no recuerde lo que hice ayer por la mañana ni que cojones me ha dejado encargado mi madre.
No recuerdo Madrid, pero sí las Ramblas. Tengo recuerdos atesorados como las 2 horas en aquel banco de tu plaza favorita. No recuerdo el primer beso, ni el segundo, y eso es algo que realmente me gustaría volver a recordar. Recuerdo, aquel ultimo cromo de la colección del álbum de la liga del 98. ¿Pero, a quién coño le importará eso? Y también recuerdo la primera canción de Violadores del Verso que escuche o las 3 primeras copas (aunque la cuarta ya no) que me tome aquel Roscón de Reyes. Pero no recuerdo aquellas películas ni con quién fui; por más que mire las entradas del cine, no me sitúo.
Pero no sé porque no recuerdo mi número de teléfono y siempre me acuerdo del tuyo. Recuerdo perfectamente tus lágrimas, pero no todo aquello que te excitaba. No recuerdo el nombre de tus padres ni siquiera la calle donde vivías. Pero puedo recordar la cara que ponías de remolón al despertarte o las ganas que tenías de ver ganar a tu equipo. No me acuerdo de tu color favorito, ni la última vez que te vi. Recuerdo como se empañaba el cristal de tu ducha o como te conducías por aquellas pistas.
Supongo que los recuerdos son azar. Se posan en ti en cualquier momento y debes de ser tú él que tenga ganas de leerlos o simplemente dejarlos secar al sol. No aparecen en función de la intensidad vivida ni de la importancia, porque si no, no haría más que pensar en aquel verano del 2008 o la noche del final.
Muchas veces me encuentro como un taxista buscando recuerdos tontos a los cuales transportar. Otras tantas, tengo que soportar trayectos largos e incómodos con recuerdos que creía olvidados. Es fascinante como recuerdo aquella Barbie que nunca me trajeron los Reyes, pero no recuerde lo que hice ayer por la mañana ni que cojones me ha dejado encargado mi madre.
No recuerdo Madrid, pero sí las Ramblas. Tengo recuerdos atesorados como las 2 horas en aquel banco de tu plaza favorita. No recuerdo el primer beso, ni el segundo, y eso es algo que realmente me gustaría volver a recordar. Recuerdo, aquel ultimo cromo de la colección del álbum de la liga del 98. ¿Pero, a quién coño le importará eso? Y también recuerdo la primera canción de Violadores del Verso que escuche o las 3 primeras copas (aunque la cuarta ya no) que me tome aquel Roscón de Reyes. Pero no recuerdo aquellas películas ni con quién fui; por más que mire las entradas del cine, no me sitúo.
Pero no sé porque no recuerdo mi número de teléfono y siempre me acuerdo del tuyo. Recuerdo perfectamente tus lágrimas, pero no todo aquello que te excitaba. No recuerdo el nombre de tus padres ni siquiera la calle donde vivías. Pero puedo recordar la cara que ponías de remolón al despertarte o las ganas que tenías de ver ganar a tu equipo. No me acuerdo de tu color favorito, ni la última vez que te vi. Recuerdo como se empañaba el cristal de tu ducha o como te conducías por aquellas pistas.
Supongo que los recuerdos son azar. Se posan en ti en cualquier momento y debes de ser tú él que tenga ganas de leerlos o simplemente dejarlos secar al sol. No aparecen en función de la intensidad vivida ni de la importancia, porque si no, no haría más que pensar en aquel verano del 2008 o la noche del final.
Inspirado por Daniel Díaz
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