Llego un momento en aquella comida familiar del temido debate político. Muy a pesar el decadente discurso era el mismo siempre: izquierda, derecha, la ley del suelo, los rescates económicos a Grecia, o quizás el reciente gobierno. Cada vez más, yo esperaba alejada del agobio que me producen los debates irracionales.
Atrincherada como estaba, mi abuela se me acerco y me pregunto a quién vote la última vez. Con descontrol, y esperando que no esperara otra respuesta, le dije que voté al partido comunista. Ella sonrió, toco la fragilidad de mi ánimo y comenzó a negar con la cabeza. Me argumentó que yo era de las mayores y mejores capitalistas. Iba a reprocharle pero callé tragándome las ganas de una discusión propiciada.
Quizás y justo en ese momento vi que algo fallaba en mis pajas mentales. Entre los postulados del comunismo está el repartir equitativamente los bienes más preciados: materias primas, medicamentos, alimentos, propiedad privada... y el amor? Para mi es uno de los bienes más preciados. Supongo que el AMOR (así en mayúsculas) para considerarse como tal debería compartirse, y no limitarlo a un "ella y él". Cuantos más mejor, no?. La monogamia implicaría ser seres egoístas, irracionales, con esos ataques de celos incontrolables .Acarrearía tener siempre un plan B al que recurrir, y en definitiva, no entregarse por completo nunca a nadie . Y con ello,eliminaría la sensación de no tenerte, teniéndote siempre.
En este punto comprendí que algo fallaba en lo "nuestro", y de paso en lo de la propiedad privada.Supongo que el comunismo sólo me sirve en un plano sexual. Aspiro a capitalizar sentimientos a gran escala.
Mientras tanto, démonos besos libres de impuestos.