10.1.12

Directores de madrugada




Aquella noche parecía todo rodado como el mejor tráiler que descubre los mejores momentos que se desarrollan en el resto de la película. Las escenas fluían entre el puente que hay entre el mundo y mi casa, Los personajes eran tu pasado y mi futuro pidiéndome gritos que hiciera aquello con pulcritud, obscenidad, y por supuesto, contrariedad. Los actores secundarios, ajenos a la acción principal éramos tú y yo. Nuestra acción se basaba en divertirnos entre subiendo a sótanos de ultratumba y bajando a las azoteas de los séptimos. Realizando el séptimo arte con excitados sentimientos y estimuladas palabras. Te otorgaba entrada para aterrizar, sin alas, a todos mis tejados. El único revisor a ese largo sábado sería  la fe y conciencia que me suelen esperar los lunes de madrugada negándote por vigésima vez. Aunque parecía que el guión, esta vez, estaba escrito como todas las cartas de amor: lleno de mentiras redactadas en la más absoluta felicidad. Pero con una tinta distinta, derramado sobre todo aquello que amábamos, las injusticias que no soportábamos, y el letargo de la gente. Este Hollywood se enmudecía cuando con nuestros gritos a besos y sábanas por attrezzo. Estábamos fabricando taquicardias que proyectar en nuevos pre-estrenos donde la trama seguía siendo una verdad abierta a otro final.




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