Tienes motivos. Ya no escribo, ya no (te) escribo. Encontré
la excusa revuelta en mi mesita de noche. No me costó encontrarla, me miraba
desafiante, sin casi parpadear. Ella lo sabía, y yo lo intuía. Se abalanzó
sobre mi, dejándome la voz entrecortada y con la rabia en las manos. No podía
escribir, sin describirte. Mi imagen era tu espalda con mis uñas rojas. Y olía
a ciudad y a mañanas sin café. Mañanas sin despertador, con la lluvia como la
alarma. Cayendo las gotas por mi ventana uno se tiene que levantar ya de
madrugada. Nos mirábamos cerca, tan cerca que dolía. Tan valiente todo que no
podía llorar. Pero si quieres, yo vuelvo. Vomito un par de palabras que suenen
bien y te digo que están por aquí las musas. Y tú vuelves a sonreír de
lejos, sin quererme demasiado y esperando un no sé qué.
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