Tras días sin coger los apuntes de Derecho, me encuentro sin saber diferenciar ningún concepto. Ya no descifro la discordancia entre ley orgánica o orgásmica. Intento adivinar el procedimiento legislativo de las leyes ordinarias, pero sólo descubro el procedimiento para llegar a tu cama con tu cuerpo en ella. ¿Decretos o secretos bajo tus pantalones? No encuentro artículos, sino sólo tu culo. Los reglamentos son capaces de desarrollar cualquier ley y enrollarse en tu pelo -y yo con ellos-. No hablemos ya de las modificaciones a la constitución, la carta magna de nuestra casa, en donde de 12 de la noche a 12 de la mañana sólo estamos tú y yo. Aprendiendo, parece, a teorizar sobre derecho penal y sobre tus penas. Fiscalizando impuestos por parte de Hacienda, de las Administraciones Públicas y de alguna que otra zorra que te toca. Repasando obligaciones, contratos, y resacas hormonales tras de ti. Sentencias varias también tengo por aquí, pero ninguna tiene un fallo en el que se encuentre el fundamento de derecho por el cual no debo imponerte condena de abstención de impulsos carnales.
Y he vuelto a mezclar la fe y los razonamientos. Lo carnal y los sentimientos.
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